En este blog aprenderemos y conoceremos sobre un periodo especifico de la historia de la antigua Europa y una de las regiones más conflictivas y ricas de esa época, así como de una civilización que dominaba a todo el mundo.
miércoles, 22 de abril de 2020
LA CAÍDA DEL IMPERIO
En el 410 las tropas del visigodo Alarico saquearon Roma, causando una conmoción general en todo el Imperio. Pero la ilustre historia del Imperio romano de Occidente vivió su último capítulo en el año 476 en Ravena, ciudad que desde hacía unas décadas era la capital del mismo Imperio. El general bárbaro Odoacro se hizo con el gobierno de Italia, tras destituir y desterrar a Rómulo Augusto, el último emperador, un joven que por su debilidad se ganó enseguida el apodo de "Augústulo", el pequeño Augusto.
Tradicionalmente, estos sucesos han sido descritos como los que marcaron el tránsito de la Antigüedad a la Edad Media. Sin embargo, Augusto no fue el personaje principal de esta debacle, sino tan sólo una víctima involuntaria de las decisiones de otros: en primer lugar, Orestes y Odoacro; algo más lejos, en Constantinopla, Zenón, el emperador de Oriente; en la sombra, condenado a la inacción, el depuesto emperador de Occidente, Julio Nepote. Orestes, padre de Rómulo Augusto que estuvo afincado en Panonia (Hungría), llegó a unirse al séquito del huno Atila.
A la muerte de este, en el año 453, Orestes buscó fortuna en el Imperio romano de Occidente, donde desarrolló una exitosa carrera. Se rebeló y marchó contra el emperador Julio Nepote, que huyó de Ravena en agosto de 475. Dos meses más tarde, el 31 de octubre, su hijo, Rómulo Augusto, era proclamado en Ravena emperador de la parte occidental del Imperio romano. Orestes ejerció el poder en nombre de su hijo durante los escasos diez meses que duró su mandato: hubo de hacer frente a una rebelión de su ejército, y las tropas amotinadas escogieron como líder a Odoacro. Comprimida entre Orestes y Odoacro, la figura de Rómulo Augusto quedó empequeñecida, difuminada; fue una marioneta en manos de uno y otro, un instrumento más de sus juegos de poder.
Así, casi sin hacer ruido, cayó el Imperio Romano de Occidente, devorado por los bárbaros. El de Oriente sobreviviría durante mil años más, hasta que los turcos, el año 1453, derrocaron al último emperador bizantino. Con él terminaba el bimilenario dominio de los descendientes de Rómulo.
Alarico no llegaría a ver nada de esto, pues solo unos meses después, tras ver también frustrados sus planes de trasladarse con su pueblo hacia África, le alcanzaría la muerte en la ciudad de Cosenza. Pero las huestes que le acompañaban acabarían siendo el embrión de uno de aquellos estados nacionales que sustituirían el poder del Imperio de Occidente. El Reino Visigodo de Tolosa y, poco después, de Toledo sería, en cierto modo, el fruto tardío de su osadía.
El saqueo de Roma, producido el 24 de agosto de 410, fue la culminación de 15 años de rebeldía goda, que Roma no había sabido contener. Tres lustros en los que, liderados por Alarico, aquellos hombres habían llevado su amenaza primero a Constantinopla, luego a Atenas, más tarde a Milán y finalmente a la capital del imperio. Un ejército mercenario compuesto por entre 30.000 y 40.000 hombres, de diversas procedencias, se había levantado contra las ciudades más poderosas de la época dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias.
De hecho, la rebelión de Alarico y los suyos surge ante la consideración de que son utilizados por los romanos como ciudadanos de segunda categoría. Tras la batalla de Frigidus, en la que los godos son empleados en una misión casi suicida, en la que perecen cerca de 10.000 hombres, deciden que ha llegado la hora de recibir una recompensa suficiente por sus servicios: Alarico reclama un puesto de mando para él en el ejército romano y un lugar donde asentarse para los suyos. Primero lo intenta en el Imperio de Oriente y ante la falta de una respuesta favorable asola un gran número de ciudades griegas. Y desde inicios del siglo V pone sus ojos en la Península Itálica, donde buscará que el emperador Honorio satisfaga sus demandas.
JERARQUÍA ROMANA
La República romana fue un periodo de la historia de Roma caracterizado por el régimen republicano como forma de estado, que se extiende desde el 509 a. C., cuando se puso fin a la Monarquía romana con la expulsión del último rey, Lucio Tarquinio el Soberbio, hasta el 27 a. C., fecha en que tuvo su inicio el Imperio romano.
La República romana consolidó su poder en el centro de Italia durante el siglo V a. C. y en los siglos IV y III a. C. se impuso como potencia dominante de la península itálica sometiendo a los demás pueblos de la región y enfrentándose a las polis griegas del sur. En la segunda mitad del siglo III a. C. proyectó su poder fuera de Italia, lo que la llevó a una serie de enfrentamientos con las otras grandes potencias del Mediterráneo, en los que derrotó a Cartago y Macedonia, anexionándose sus territorios.
En los años siguientes, siendo ya la mayor potencia del Mediterráneo se expandió su poder sobre las polis griegas; el reino de Pérgamo fue incorporado a la República y en el siglo I a. C. conquistó las costas de Oriente Próximo, entonces en poder del Imperio seléucida y de los piratas cilicios. Durante el periodo que abarca el final del siglo II a. C. y el siglo I a. C., Roma experimentó grandes cambios políticos, provocados por una crisis consecuencia de un sistema acostumbrado a dirigir solo a los romanos y no adecuado para controlar un gran imperio. En este tiempo se intensificó la competencia por las magistraturas entre la aristocracia romana, creando irreconciliables fracturas políticas que sacudirían a la República con tres grandes guerras civiles; estas guerras terminarían destruyendo la República, y desembocando en una nueva etapa de la historia de Roma: el Imperio romano.
La monarquía romana abarca el período comprendido entre la fundación de la ciudad, el 21 de abril del año 753 a. C., y la expulsión de Tarquino el Soberbio, último y despótico monarca, en el año 509 a. C. Tiempo después, Julio César intentó regresar de la República a la monarquía, por lo que fue asesinado.
Según la tradición romana, el primer rey de la ciudad, y creador las primeras instituciones, fue Rómulo.
IMPERIO ROMANO-SEXTO DE PRIMARIA
Se llama Imperio Romano a la etapa de la historia romana, en la que Roma fue gobernada por emperadores. Estos implantaron el gobierno absoluto, concentrando en una persona todos loS poderes: político, administrativos, religiosos y militares.
Esta etapa se inició en el año 29 a.C. con el gobierno de Augusto (Octavio) y concluyó con Rómulo Augústulo en el año 476 d.C.
El territorio del Imperio Romano abarcaba tres continentes: sur y oeste de Europa, el oeste de Asia y el norte de África. Dentro de sus límites quedaron: Britania, Galia, España, Suiza, los países situados al sur del rio Danubio, Italia, Grecia, Turquía, Asia Menor y el norte de África.
Los dominios de Roma se hicieron tan extensos que pronto fueron difícilmente gobernables por un Senado incapaz de moverse de la capital ni de tomar decisiones con rapidez. Asimismo, un ejército creciente reveló la importancia que tenía poseer la autoridad sobre las tropas para obtener réditos políticos. Así fue como surgieron personajes ambiciosos cuyo objetivo principal era el poder. Este fue el caso de Julio César, quien no solo amplió los dominios de Roma conquistando la Galia, sino que desafió la autoridad del Senado romano.
El Imperio romano como sistema político surgió tras las guerras civiles que siguieron a la muerte de Julio César, en los momentos finales de la República romana. Tras la guerra civil que lo enfrentó a Pompeyo y al Senado, César se había erigido en mandatario absoluto de Roma y se había hecho nombrar Dictator perpetuus (dictador vitalicio). Tal osadía no agradó a los miembros más conservadores del Senado romano, que conspiraron contra él y lo asesinaron durante los Idus de marzo dentro del propio Senado, lo que suponía el restablecimiento de la República, cuyo retorno, sin embargo, sería efímero. El precedente no pasó inadvertido para el joven hijo adoptivo de César, Octavio, quien se convirtió años más tarde en el primer emperador de Roma, tras derrotar en el campo de batalla, primero a los asesinos de César, y más tarde a su antiguo aliado, Marco Antonio, unido a la reina Cleopatra VII de Egipto en una ambiciosa alianza para conquistar Roma.
A su regreso triunfal de Egipto, convertido desde ese momento en provincia romana, la implantación del sistema político imperial sobre los dominios de Roma deviene imparable, aún manteniendo las formas republicanas. Augusto aseguró el poder imperial con importantes reformas y una unidad política y cultural (civilización grecorromana) centrada en los países mediterráneos, que mantendrían su vigencia hasta la llegada de Diocleciano, quien trató de salvar un Imperio que caía hacia el abismo. Fue este último quien, por primera vez, dividió el vasto Imperio para facilitar su gestión. El Imperio se volvió a unir y a separar en diversas ocasiones siguiendo el ritmo de guerras civiles, usurpadores y repartos entre herederos al trono hasta que, a la muerte de Teodosio I el Grande en el año 395, quedó definitivamente dividido.
En el inmenso territorio del Imperio Romano se fundaron muchas de las grandes e importantes ciudades de la actual Europa Occidental, el norte de África, Anatolia, el Levante. Ejemplos son París (Lutecia), Estambul (Constantinopla), Vienna (Vindobona), Barcelona (Barcino), Zaragoza (Caesaraugusta), Mérida (Augusta Emerita), Milán (Mediolanum), Londres, (Londinium), Colchester (Camulodunum) o Lyon (Lugdunum) entre otros.
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